
A muchos chicos y chicas, septiembre les da una segunda oportunidad. Por las razones que fueren, no pudieron con alguna o algunas asignaturas en junio, y ahora, antes de que empiece el nuevo curso, tienen la posibilidad de superarlas. Si han sabido aprovechar el verano, asistiendo a clases de repaso, siguiendo un horario personal y compaginando descanso con estudio, seguro que podrán saltar esas vallas rezagadas y promocionar al curso que les corresponde.
Pero todo su esfuerzo se medirá en tan solo unos días y en unos pocos exámenes, amén de las actividades a presentar, por lo que es normal que se sientan presionados y que esa presión redunde negativamente en su propio rendimiento. Conforme se van aproximando las fechas de los exámenes, la tensión va creciendo, el miedo a suspender renace y resulta más difícil concentrarse, máxime si sigue haciendo calor y las vacaciones amenazan con acabarse.
Al acercarse los exámenes, los estudiantes intentan sacar el tiempo para prepararlos de donde no lo hay: generalmente, de las horas de sueño. Este suele ser uno de los grandes errores, y no por grande menos extendido, que cometen nuestros hijos cuando tienen un examen importante a la vista. Tal error resulta totalmente contraproducente, porque, como ha puesto de manifiesto un estudio de la UCLA, no dormir para estudiar puede acarrear problemas académicos.
El doctor Andrew J. Fuligni, profesor de Psiquiatría y Ciencias Bioconductuales de la Universidad de California en Los Ángeles, sostiene que estudiar en lugar de dormir es contraproducente, y que surte más efecto sacrificar el tiempo dedicado a otras actividades menos esenciales, como ver la tele o navegar por Internet. Las 535 entrevistas a menores que su equipo llevó a cabo en varias zonas de la ciudad de Los Ángeles, evidenciaron que el tiempo extra dedicado al estudio, contrariamente a lo que se pudiera esperar, explica el aumento de los problemas académicos. Lógicamente, el problema radica en que el tiempo sacrificado para estudiar es un tiempo valiosísimo: el del sueño.
Si nuestro hijo ha de enfrentarse dentro de unos días a algún examen, debemos procurar que descanse lo suficiente. Robarle horas al sueño merma el rendimiento académico y puede cobrarse un suspenso a causa de “haberse quedado en blanco”. Ir bien preparado a un examen no es lo mismo que ir muy estudiado, sobre todo, si se ha estudiado mal, a última hora y a fuerza de no dormir lo suficiente.
La presión de los exámenes no se quita metiendo más presión, sino estudiando con tiempo. Los nervios del final son inevitables, pero no suficientes para justificar, si se ha hecho lo que corresponde, un suspenso o una mala nota. De cualquier forma, hay que tener en cuenta, y debemos inculcar a nuestros hijos que los exámenes se comienzan a preparar el primer día de clase. Si se empieza el curso con esta mentalidad, seguro que no hará falta una segunda oportunidad el próximo septiembre.







Yo debo ser un extraterrestre. Todo eso lo viví, y acabe la carrera en 5 años. Debo ser un ser extraño. Me dedique a trabajar durante esos años. Debo estar traumatizado a pesar de que estoy acabando con 57 años la Diplomatura de Derecho, y tener dos oposiciones. Vamos de psiquiatra. Pobres niños, no sufráis. La vida es para vosotros. No hace falta esforzarse. Que malito estoy.