Un cachete a tiempo

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Mafalda sopa
Cunde cierta creencia de que un cachete a tiempo, una torta bien dada, soluciona muchos problemas educativos. Lo sentimos: no estamos de acuerdo. Lo venimos diciendo por activa y por pasiva en nuestros libros y en nuestras charlas a padres: una torta bien dada nunca está bien dada, un cachete a tiempo sigue siendo un cachete que tiene sus consecuencias a destiempo.

No se puede educar a bofetadas. De hecho, cuando se nos escapa una, sentimos eso mismo: que se nos ha escapado, que se nos han acabado todos los argumentos educativos y hemos tenido que tirar de la fuerza física. “Llega un momento en que no puedo más y le doy una torta”, nos confiesan muchas madres. Eso demuestra justamente que echamos mano, nunca mejor dicho, de la “oratoria de la zapatilla”, que usa la mamá de Manolito, el amigo de Mafalda, cuando nos sentimos nerviosos, impotentes, cansados… Y con tales premisas montamos un silogismo para justificar lo injustificable: la conveniencia educativa de la agresión física.

“Un cachete de vez en cuando le viene de maravilla”, suele ser otro argumento incontestable. Pero, ¿a quién le viene bien: a la educación de nuestros hijos o a nuestra propia tranquilidad? Sigamos con más cosas que, aunque no queramos reconocerlo, se dicen, como esta: “No sé si sirvió para algo la bofetada que le solté, pero me quedé tan a gusto…”. ¿Es posible que esto lo haya dicho un padre? Por desgracia, sí.

No obstante, el argumento más esgrimido es el del “cachete a tiempo”. Generalmente se utiliza en su valor condicional o de advertencia, por lo que se convierte en una falacia. “Si le hubiera dado un cachete a tiempo…”. Nadie puede decir qué hubiera pasado si se hubiera cumplido la prótasis, es decir, la condición. O… quizá sí.

En cierto modo, eso es lo que ha intentado demostrar un estudio realizado por la American Academy of Pediatrics. La conclusión del estudio, que maneja datos obtenidos de 34.000 personas adultas de Estados Unidos, es que el castigo severo en la infancia (no los maltratos graves), como empujones, golpes, bofetadas… está relacionado con el desarrollo de trastornos y enfermedades mentales en la edad adulta. Así, la manía y la dependencia de drogas o alcohol aparecen con una frecuencia entre un 2% y un 5% mayor en los que dijeron haber sufrido ese tipo de castigos en su infancia. Con el tiempo, los niños y niñas que recibieron un “cachete a tiempo” fueron más propensos (entre el 4% y el 7%) a las paranoias, los comportamientos antisociales, la dependencia emocional o el narcisismo.

No hay un momento mejor que otro para dar un cachete a un hijo. El mejor momento es no darlo nunca. Un cachete a tiempo trae consecuencias en el tiempo: sabemos cuáles son las negativas; las positivas no se han descrito.

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12 respuestas a Un cachete a tiempo

  1. Benito dijo:

    Por el contrario he escuchado a muchas personas mayores agradecer a sus maestros más de una bofetada. Hablamos de UN CACHETE, no de cachetes a diestro y siniestro. Alguna vez puede ser “el último recurso”. Pienso que hay muchas más paranoias por lo contrario. El problema está en el peligro de “aficionarse”. Indudablemente, si se llevan bien las cosa desde pequeños será raro tener que recurrir al cachete.

    • Antonio dijo:

      Somos varios hermanos. MIs hermanas mayores recuerdan cuando en una pelea entre ellas de adolescentes una llamo puta a la otra. Mi padre que le oyó le dió una bofetada y le animó a que nunca se tratarán asi. mi hermana aprendió la lección, es supernormal y no tiene secuelas. Creo que hay ocasiones en las que puede ser de utilidad.

    • Ruth García-Alonso dijo:

      Pienso que una reacción mesurada, dialogada, una petición de explicación, moderando el propio impulso inicial del adulto puede favorecer la postura del menor al que queremos corregir y hacerle más reflexivo. Después será más probable el cambio de sus tendencias.

  2. Jaime dijo:

    Estoy de acuerdo con que las tortas no son un buen sistema para educar. No recuerdo que mis padres me hayan puesto nunca la mano encima, y aquí estoy, a mis 46 años, feliz, contento y más o menos cuerdo.
    Dicho esto, creo que darle en la mano a un bebé que va a tocar un enchufe, o unos azotes en el culo -con dodotis de por medio- a un niño que monta una perra, pueden ser bastante oportunos. Así lo he hecho con mis hijos alguna que otra vez, y, la verdad, no creo que me guarden rencor por ello, ni que les haya creado ningún trauma (al menos, vienen corriendo a darme un beso cada vez que llego a casa por las tardes).
    Creo que vivimos una época en la que existe el riesgo de exagerar, confundiendo cosas que son cualitativamente distintas: dar un azote no es una agresión física, del mismo modo que tomarse una cervecita no es ser drogodependiente. No digo que sea el caso de los autores del artículo, pero sí es algo bastante habitual en los medios de comunicación.

  3. José Martí Florenciano dijo:

    Si hay que educar en responsabilidad, al igual que una conducta buena merece un premio, una conducta mala merece un castigo. Éste dependerá de la edad y del temperamento del niño, entre otras cosas, para ser efectivo. Hay muchos casos en los que es suficiente hablar con el muchacho y reprenderle, pero también los hay en los que se entiende mejor un pequeño cachete que cientos de palabras y argumentos. Yo no conozco a nadie que se haya traumatizado por eso. Sí traumatizan las mentiras dichas a los niños para conseguir que te obedezcan, los chantajes emocionales y cosas por el estilo, porque inciden de lleno en el corazón del muchacho. Yo así lo pienso.

  4. Yo lo veo también así: de mi madre, que era la más aficionada, (no en exceso) no recuerdo nada negativo, ningún rencor, sino una situación divertida, como un juego (yo era muy pequeña, y mi hermana, grande, corría más y nunca mi madre la alcanzaba a tiempo); pues mi madre, luego de la corrida, se lamentaba de que todos los palos (poca cosa) me los llevara yo.
    De mi padre, me hubiera dolido más, porque era un hombre serio, y no se prodigaba en estas cosas.

  5. Óscar dijo:

    Pues sinceramente, yo creo que es importante ver que también un cachete puede ser usado educativamente.

    La clave está en que no sea porque hemos perdido los nervios, sino como medida educativa. Porque en realidad… ¿Qué sería mejor? ¿Un castigo desproporcionado fruto del dejarnos llevar por nuestro enfado, o un cachete en el que transmites tu estupor inmediato ante un comportamiento gravemente incorrecto.

    Por supuesto no debe ser un cachete fuerte, sino controlado. Es símplemente una forma no verbal de recriminar un comportamiento que se considera MUY inadecuado, y que al ser no verbal, es más inmediata.

    Una cosa que sí que creo que es clave es que los hijos sepan que incluso en el momento del enfado, sigues queríendoles profundamente.

    Así que creo que hay una inmensa diferencia entre un “cachete a tiempo” y una “bofetada de desahogo”.

    Por supuesto no tiene ninguna justificación una torta dada con la intención de hacer daño, en vez de educar.

    Un saludo a los que leáis esto.

    Óscar.

  6. Maria del Mar Prats dijo:

    Conozco a muchos americanos: todos se escandalizan de forma extraordinaria porque se le de un cachete a un niño y se sorprenden de que mis hijos no salten encima del sofá. Cuando mi hijo de tres años se me escapó de la mano y cruzó la callé sin mirar provocando el frenazo del coche que se acercaba le di un cachete de modo que jamás se le ocurriera repetirlo. Lloró pero nunca más ha vuelto a ocurrir. Cuando le pega un empujón a su hermana le digo “no hagas eso” en tono grave. Creo que diferencia claramente una falta leve de una falta muy grave.

    Que alguien se atreva a decirme que actué mal. Yo no me voy a arriesgar a que atropellen a mi hijo por mucho que digan los psicólogos. Estoy segura de que el sentido común y la experiencia de la mayoría de madres españolas aprueba de forma ocasional un cachete especialmente con 2 o 3 años cuando las explicaciones les entran por una oreja y les salen por la otra. Después los cachetes ( si se ha dado alguno) ya no son necesarios.

    • Ubaldo y Pilar dijo:

      Disculpa, María del Mar, no había leído todos los comentarios del Cachete (I) y repetí el ejemplo en Cachete (II).

  7. Joan-Marc dijo:

    Queridos Pilar y Carlos:
    Lo siento, no estoy de acuerdo en absoluto con estos padres a quien le da miedo aplicar una punición corporal a sus hijos, cuando se la merecen. Excluyendo a priori cualquier maltrato, (tortas, bofetones…) me refiero al azote en el culo tradicional, el cual no ha desarrollado – que yo sepa – ningún trastorno ni enfermedades mentales en la edad adulta de aquellos jóvenes que lo recibieron.
    El azote en el culo aplicado sin rabia, sino con tranquilidad y cariño, no puede perjudicar en nada la salud del joven, bien al contrario, le ayuda a fortalecerse y a entender que el padre sólo actua por su bien.

  8. Héctor dijo:

    Señores
    A mi me tiene intrigado, como la juventud creció desde hace más de 5,000 años a base de castigos físicos y como apenas hace 50 años descubren que está mal.

    Saludos

  9. LUCIA RIÑON dijo:

    Me imagino que el estudio será algo más profundo y riguroso que la conclusión que aquí se lanza. Porque, toda esa gente que desarrolló trastornos,¿ tenía unos antecedentes familiares parecidos o distintos en cuanto a enfermedades? ¿Cómo les fue en su vida laboral? ¿Qué relaciones humanas establecieron ? ¿Cuantas veces al día,al mes, al año les pegaban?
    Yo no soy partidaria de pegar a nadie y aplaudo a los que no les hayan dado un cachete en su vida a sus hijos y los hayan educado bien.Pero tambien es verdad que soltar esas afirmaciones sin más matices puede llevar a la actitud contraria de que, como son intocables porque les trauma y para no tener enfados, mejor les dejamos hacer lo que quieran. ¿Qué porcentaje de los que les dejan hacer lo que quieren desarrollan conductas como las descritas en el artículo? ¿No será acaso mayor?

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