¿Nos molestan los niños?

Print Friendly

Niña traviesa
Todos los padres hemos experimentado alguna vez un cierto apuro cuando nuestros hijos han ejercido de niños fuera de casa. En un hotel, en un avión, en un cine, una iglesia, una sala de espera, una tienda… hemos recibido seguramente miradas inquisidoras o quizá llamadas de atención porque los pequeños hacían ruido, tocaban lo que no tenían que tocar o enredaban más de la cuenta.
Son niños, qué le vamos a hacer. No podemos esperar de ellos que se comporten como perfectos adultos, porque no lo son. Sin llegar a portarse mal (situación totalmente distinta), a muchas personas los niños les molestan por la simple razón de ser niños. “¡Que los aguanten sus padres!”, suelen decir.
Es evidente que se viaja más cómodo sin tener un menor detrás que lo toca todo, que se mueve más de la cuenta, que no deja de preguntar, que hace ruido, en fin, que molesta. Según una encuesta realizada por TripAdvisor a más de dos mil usuarios, un tercio de los británicos estaría dispuesto a pagar más por sus vuelos sin niños a bordo. Los niños revoltosos, cuyos padres no son capaces de controlarlos, suelen ser la principal causa de frustración de los pasajeros.
Por otra parte, en nuestro país están proliferando los hoteles y restaurantes sólo para adultos, donde los menores de 16 años tienen vetada la entrada. Un reportaje publicado este verano en El País pone de manifiesto que “la crisis está acelerando una tendencia, minoritaria y no exenta de polémica, hacia la especialización y un servicio cada vez más personalizado para el cliente en sus salidas de ocio. Mientras para los empresarios hosteleros se trata de una forma de diversificar el negocio, para las asociaciones familiares es una oferta discriminatoria que deja de lado a los niños”.
Por supuesto que los menores maleducados pueden estropearnos la comida, el viaje, la película o la estancia, como también nos los estropean los adultos maleducados, que también los hay. La responsabilidad de la mala educación de los primeros es de los padres y la de los segundos de ellos mismos, y no tenemos por qué pagar el pato los demás. Pero en el caso de niños normales, deberíamos soportar ciertos inconvenientes por bien de su propia socialización, del mismo modo como admitimos –o deberíamos admitir– las limitaciones de las personas mayores.
En una sociedad individualista como la nuestra, los niños molestan (y quizá también los ancianos). Para cierta mentalidad muy extendida, pertenecen al ámbito de lo privado y su lugar adecuado es la casa o la escuela: los niños con los niños y lejos de los espacios reservados a los adultos. Sin embargo, no debería ser así, porque una sociedad no es un archipiélago, sino un continente en el que caben todos. La segregación de los niños por mor de la comodidad adulta es simple intolerancia.
Los niños pueden resultar pesados, inoportunos, molestos, pero tienen derecho a vivir en sociedad. Sus padres son responsables de ellos, por supuesto, pero todos tenemos una cierta corresponsabilidad, por lo menos, la de permitir y favorecer su integración social. No nos extrañemos, si no, del vandalismo que muestran muchos jóvenes (que por ley ya no son menores) cuando irrumpen de pronto en el mundo adulto.

Esta entrada fue publicada en Infancia y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a ¿Nos molestan los niños?

  1. Ani Montalván dijo:

    Un artículo muy interesante y bueno. Lo enviaré a mi hermano que tiene cuatro niños pequeños. Gracias a Dios, en América latina y en Piura, Perú, donde vivo, la gente suele ser bastante tolerante en este tema. Ahora mismo pienso en la Misa de domingo y ante el ruido de niños, los padres intentan callarlos y los demás no se dan ni por enterados, como dando por hecho que es lo normal, que es así, son niños. Gracias por escribir estos artículos, creo que de alguna forma nos advierten del peligro.

  2. Me gusta. No quiero pensar en que también, discriminemos a los niños por molestos. Alguna vez lo hemos observado y, desgraciadamente, en la Misa del domingo. He visto alguna iglesia -no recuerdo dónde- en que los niños estaban separados de sus padres en una especie de guardería, separada por grandes cristales de la iglesia.
    Si no soportamos a los niños, en seguida nos van a molestar los adultos enfermos, mayores demenciados, o, simplemente, con las incapacidades propias de la edad.
    Nos vienen muy bien los mayores en la familia: nos hacen más comprensivos, cariñosos, olvidados de nuestros pequeños egoísmos, de nuestro descanso, de nuestro ritmo, sobre todo.
    Nos vienen muy bien las molestias que causan nuestros semejantes, y sería bueno que nos llevaran a pensar que desearíamos que también nos traten con cariño y paciencia.

  3. José Antonio Castro dijo:

    Gracias a los autores por este artículo lleno de un valioso contenido, no cabe duda que muchas de las situaciones aquí comentadas se dan bastante a menudo en nuestra sociedad, pero nos olvidamos en el caso de los padres con hijos que la prioridad la tienen los pequeños no los padres, este cambio de valores en el ámbito social hace que uno esté pendiente de sus niños, jugando con ellos, disfrutando en los viajes, descubriendo y haciéndoles descubrir lo que puede ser su primer viaje en tren, avión, barco… notar cómo su expresión rebosa felicidad… indistintamente de lo que digan el resto de los pasajeros y tratando de que la interrelación de nuestros hijos con esas nuevas experiencias sean muy positivas, siempre siendo ellos los protagonistas.
    Claro que en tiempos de crisis el sector terciario busca todas las maneras para mantener o incrementar los ingresos, hoteles que favorecen el silencio, complejos residenciales que no aceptan mascotas y un sinfin de excepciones a la regla universal que nos comenta lo bueno y natural que estemos todos en una concordancia común y apliquemos el principio básico de la libertad, y en muchos casos el sentido común que en la sociedad actual parece que está jugando al escondite con nuestras mentes.
    Apuesto por los viajes con los niños, por esas experiencias nuevas, por esos episodios maravillosos que suceden mientras se espera un autobús, un tren, un avión… y, si no, piensen en su infancia, recuerden esas experiencias y no tarden mucho en viajar con sus nietos, hijos…etc.
    ¡Qué felicidad, por favor!

  4. Maria Arias dijo:

    Efectivamente en el mundo actual el educar y guiar a los niños y jóvenes se ha convertido en una evasión que perjudica la necesidad de acompañarlos. Su proceso de maduración implica tiempo y esfuerzo, renuncia y paciencia.
    Los niños son el futuro, no podemos convertirlos ni identificarlos como una carga sino como sinónimo de esperanza. Si entendemos la libertad en su verdadero significado, educarlos y tolerarlos es prepararlos para que sean personas libres y responsables. Son la oportunidad de mejorar esta sociedad en la que todos estamos involucrados. Por lo tanto todos tenemos la misión de apoyar a los niños y a los padres.

  5. Mónica Miguel dijo:

    Enhorabuena por vuestras publicaciones y gracias. Me llama mucho la atención que ese rechazo a los niños se manifieste en las iglesias. El niño llora, o se escapa trotando pasillo adelante… varias personas se vuelven con miradas reprobatorias hacia el “culpable”. Los padres hacen lo que pueden. Se van hacia el final de la iglesia o incluso se salen para volver a entrar más tarde o no porque el niño no se calma. En algunas iglesia hay habilitada una zona con cristal y con megafonía para los niños de modo que sus padres pueden seguir la misa tranquilos sin molestar a nadie. Los sacerdotes no suelen poner problemas, es más, animan a los padres. El problema, creo está en el pueblo fiel. Sé de matrimonios que se han tenido que organizar para ir separados a Misa y quedarse uno en casa a cuidar a los niños porque les han hecho algún comentario negativo sobre la presencia de los pequeños. ¡Habrá que cuidar del futuro de la Iglesia y dar gracias por esos llantos y ruidos que son testimonio de nuevos cristianos!

  6. Ramón Mendiburu dijo:

    Los niños no sólo molestan; nos hacen sonreír; nos hacen reír; nos divierten; nos ocupan; nos preocupan; nos … Estos niños de hoy son los hombres y mujeres del mañana, que harán nuestra vida más amable. Hoy los aguantamos; mañana nos aguantarán. ¡Esperemos!

  7. No sé por qué no salió mi comentario cuando lo hice hace ya días. Misterios de la técnica, a veces pasa…

    Pero Javier Santamarta lo dice mejor que yo y más elegante en su artículo “Herodes Santo Súbito”.

    http://diarioenred.com/2012/09/herodes-santo-subito/#comment-1006

    Es muy cierto que hoy puede haber actitudes intolerantes contra la infancia. Pero también me parece justo reconocer que hoy hay niños muy mal educados cuyos padres no saben educar o pasan… y desde luego que los demás no tenemos por qué soportarlos. Y parte de esa mala educación tiene consecuencias más graves que te molesten en un restaurente: niños sobreprotegidos y campando a sus anchas como salvajes hacen ciudadanos que no son tales.

    Lo siento, no estoy de acuerdo con mostrar solo una cara de lo que pasa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>