Lo contrario a la soledad

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Marina Keegan. Su última carta
El sábado, 26 de mayo, por la tarde murió en un accidente de tráfico, en Dennis, Massachussets, la joven Marina Keegan. Tenía 22 años y acabada de graduarse en periodismo en Yale. Le aguardaba un futuro prometedor y esperaba trabajar en breve en la prestigiosa revista The New Yorker. Era una chica normal, ilusionada con la vida y con ganas de hacer cosas.

Su carrera no había hecho más que empezar: era conocida por los artículos que había escrito en la universidad, y que habían llamado la atención de la opinión pública, en los que advertía a sus compañeros que no se dejaran embelesar por Wall Street o las grandes compañías. También había escrito un musical que se representará en el reconocido Fringe International Festival de Nueva York.

Pero lo que nos pone la piel de gallina es que una semana antes de morir escribió un artículo en la revista del campus para despedirse de sus compañeros de la Promoción 2012. Lo tituló The Opposite of Loneliness (“Lo contrario a la soledad”) y comenzaba de la siguiente manera: “No tenemos una palabra para [expresar] lo contrario a la soledad, pero si la tuviéramos, la usaría para decir que eso es lo que quiero en mi vida”.

Parece como si Marina se despidiera para siempre y dejara a sus compañeros y a todos los miembros de su generación un encargo: “Podemos cambiar el rumbo. Podemos empezar de nuevo… No debemos perder esta sensación de que todo es posible. Porque, al fin y al cabo, eso es todo lo que tenemos”.

A esos jóvenes que salen de la universidad muy bien preparados y que parece que se van a comer el mundo, les recomienda que vivan para no tener que llegar a pronunciar nunca las palabras del arrepentimiento: “debería haber hecho…”, “si hubiera…”,  “ojalá…”. “Trasnochamos y dormimos demasiado –les recrimina–. Dejamos las cosas para mañana. Vagueamos”. Marina sabe que los jóvenes tienen una gran responsabilidad y no pueden dormirse en los laureles, por eso insta a sus compañeros a colaborar en la mejora del mundo.

Esa palabra que expresa lo contrario a la soledad no es amor ni tampoco una comunidad, sino, según Marina, la sensación de que hay mucha gente junta en esto. Lo que ella ha sentido en Yale, y lo que siente y teme perder, es justamente lo contrario a la soledad. No encontraba la palabra exacta, pero sabía lo que entrañaba: amistad, noches en vela, proyectos, ilusiones, risas…; por eso se despide de sus compañeros de promoción de esta manera: “Estamos en esto juntos, 2012. Vamos a hacer que pase algo en este mundo”.

Marina Keegan buscaba una palabra para lo contrario a la soledad. Sabía que tenía muchos ingredientes, como: amor, equipo, ilusión, desvelo, amistad, alegría, lucha, proyecto… pero no cayó en la cuenta de que esa palabra es “familia”, la única que no se puede conjugar con la soledad.

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