La soledad de los padres ancianos

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Abuelo y nieto felicesEl gobierno chino ha promulgado una ley que obliga a los ciudadanos a visitar con frecuencia a sus padres ancianos. Las autoridades están preocupadas por los casi doscientos millones de ancianos que viven en el país asiático y que cada vez se encuentran más solos, incluso abandonados, y pretenden asegurar con la obligación legal que los hijos atiendan sus necesidades materiales y espirituales.

La enmienda a la “Ley de Protección de los Derechos y los Intereses de los Ancianos” pretende acabar con el progresivo problema de la soledad de las personas mayores. Parece que el respeto a los ascendientes, incrustado en la milenaria conciencia oriental, ha perdido fuerza moral y necesita ser apuntalado por la coacción legal. De modo que, a partir de ahora, los ciudadanos chinos que no visiten y atiendan las “necesidades espirituales” de sus ancianos padres tendrán que vérselas con los tribunales y podrían verse obligados a pagar una multa e incluso a ingresar en prisión.

La nueva sociedad emergente china no ha tardado en ridiculizar, en las redes sociales, la recién dictada ley: ¿Cómo se puede controlar que una persona atiende a sus padres? ¿Cuáles son sus “necesidades espirituales”? ¿Cómo se concreta el cumplimiento de la ley? ¿Qué se considera “con frecuencia”? Son preguntas lógicas que resultan de haber trasladado las cuestiones humanitarias al terreno legal. Porque, cuando una sociedad se ve obligada a regular los comportamientos morales, estos dejan de ser lo que eran para ser materia de ley.

La norma viene a garantizar el derecho de los ancianos a no ser apartados de la sociedad por sus propios hijos, algo que ya ocurre en las avanzadas sociedades occidentales y que se intuye está comenzando a pasar en la sociedad china. Quod natura non dat, lex praestat, se podría decir, lo que no se logra de manera natural, lo fuerza la ley. Si no lo logra, si no consiguen las medidas legales recuperar el natural cuidado por los ancianos, el siguiente paso será que el gobierno se ocupe de ellos, algo no solamente difícil de mantener económicamente, sino sobre todo difícil de cumplir, pues las “necesidades espirituales” de los ancianos, como el respeto, el cuidado y el cariño de sus hijos y de sus nietos, no puede ser suplantado por ningún decreto.

Es bueno que las inclinaciones morales se expresen en normas, pues estas nos ayudan a cumplirlas. Por eso, resulta muy conveniente que en nuestra familia nos propongamos visitar a los abuelos, atenderlos y cuidarlos, que establezcamos, según las circunstancias, momentos para estar con ellos o llamarlos por teléfono. El trepidante ritmo de nuestras vidas nos enseña que el cariño no basta, que tenemos que poner los medios para que se exprese en actos concretos, esos que son amores y no buenas razones.

Las vacaciones, que por desgracia algunas familias utilizan para “deshacerse” de los abuelos, es un periodo en el que podemos hacer mucho por ellos. No les dejemos solos con su soledad.

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6 respuestas a La soledad de los padres ancianos

  1. Claudia Soto dijo:

    Claudia:
    Espero te sirva en algo esta información

  2. Marina Villalobos dijo:

    Me parece un tema sumamente triste que te obliguen a través de una ley a dar amor a quienes corresponde de hecho y por derecho. Más que una ley para obligar y sancionar, convendría revisar el plan educativo que se tiene, el enfoque a la familia en su proyecto como país.
    Es una advertencia para las familias, el padre no da para recibir pero el amor verdadero es así, reciproco. Duele que se sume este descuido familiar a otros dolorosos problemas que ya se tienen.

  3. Mª Antonia Carrascosa dijo:

    Pues al menos esa ley china nos ha hecho reflexionar después de hacernos sonreír… No es algo aislado en aquella sociedad que, en su origen, era respetuosa con los mayores; el problema se ha ido extendiendo a otras sociedades, antes de raíces cristianas, que van perdiendo esas raíces. Penoso que sea así, ahora que cada vez más los padres jóvenes, tienen que contar con los abuelos en la atención de sus pequeños hijos. Lo que suelen hacer los abuelitos con mucho gusto, y generalmente con mucha sabiduría.
    ¿No nos encontramos con una manifestación de egoísmo, cuando se trata de atender a los mayores, porque lo necesitan, después de haberles “utilizado” en cierto modo, para que nos cuiden a la gente menuda?
    Por cierto, valdría la pena que algún entendido en la materia escribiera sobre la enorme influencia actual de los abuelos en sus nietos, (positiva, desde luego), y la empatía entre ellos.

  4. Carlos dijo:

    De entrada, no me gusta que el Estado, gobierno o poder político se dedique a legislar sobre la conducta moral de las personas; mal precedente y algo muy propio de regímenes de carácter totalitario.
    Es una necesidad que ya detectamos en las sociedades llamadas desarrolladas: la preocupación por los mayores cuando se ven necesitados de ayuda es algo que empieza a perderse. Pero es una manifestación más de ese aumento general del egoísmo en que caen esas sociedades llamadas desarrolladas. La solución pienso que pasa por un fortalecimiento de la educación en valores, pero en valores auténticos y reales como es el valor de la unidad en la familia, del respeto y amor a los mayores, de la ayuda a quien más lo necesita y en el grado y medida en que lo necesita, de buscar la felicidad propia en hacer felices a los que nos rodean, etc.

  5. Miguel Angel dijo:

    Una necesidad absoluta es predicar con el Ejemplo. En muchas familias hay abuelos, esas familias tienen hijos y esos hijos harán en el futuro lo que vean que hacen sus padres, NO lo que dicen, LO QUE HACEN.
    Esto se aplica no solo para ser solidarios y amantes y respetuosos con los abuelos, sino con la VIDA misma. EN TODOS LOS ASPECTOS DE LA EXISTENCIA.

  6. Maria de Jesús Barraza dijo:

    Muy buenos días, es muy triste que se tenga que llegar a decretar una ley para obligar a los familiares a que cumplan con un compromiso moral con los adultos mayores, recordemos que ellos nos dieron la vida, y ahora necesitan de nosotros. Pero, ojo, y nosotros qué hacemos para inculcar a la niñez el amor, cuidado, tiempo, paciencia hacia el adulto mayor, recordemos que el día de mañana nosotros ocuparemos el sitio de ellos. El amor, respeto, cuidados se inculcan desde ahora.

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